Memorias de un asesino a sueldo

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Hac√≠a tiempo que no me divert√≠a tanto con un libro, y miren que uno, modestamente, acostumbra a divertirse mucho. Memorias de un asesino a sueldo es una novela muy amena, hilarante a veces, pero con su enjundia: el protagonista medita de forma directa y cruda, por no decir que v√°ndala, sobre una gran cantidad de temas y conviene detenerse entre carcajada y carcajada a hacer lo propio y acompa√Īar la reflexi√≥n. Uno no tiene porqu√© coincidir con √©l, a fin de cuentas es un personaje que se gana la vida de forma digamos que poco edificante, mas sostiene puntos de vista originales y por lo tanto interesantes.

El estilo es muy directo, el protagonista se dirige al lector y le hace partícipe de sus experiencias y sus pensamientos y lo hace de forma efectivamente concluyentes. , el autor, se nos presenta en esta obra como un C. Salem un tanto más áspero y con más mala leche, provisto en todo instante de un humor ácido, irónico y brillante muy propio de las tierras del norte de las que todo hace suponer que proviene.

Memorias de un asesino a sueldo suma incluso otro acierto a la risa y la reflexión, la fluidez. Es uno de esos libros que se pone uno a leer y para cuando se da cuenta se sorprende de llegar al final. Con determinada pena por lo bien que uno se lo estaba pasando, sí, mas también hay que reconocerle la sabiduría narrativa al autor porque personajes tan intensos corren el riesgo de agostarse y agotar al lector de paseo en las distancias largas.

El protagonista, como buen asesino, mata gente mas por decirlo seg√ļn una frase hecha lo hace sin acritud. No es que sus v√≠ctimas le caigan bien, en realidad odia al mundo entero mas no hace distinciones en su inquina entre aquellos a los que mata y aquellos otros a los que deja vivir, es una simple cuesti√≥n de negocios. No obstante s√≠ que muestra una singular inquina hacia los cazadores. Esta supuestamente sorprendente contradicci√≥n entre odiar a las personas y sin embargo querer a los animales no es nueva, pero Daniel Ter logra sacarle mucho partido.

Si no es singularmente ejemplar la actitud del protagonista como ciudadano, tampoco se puede decir que sea una gloria en su gremio. No destaca por su eficiencia m√°s de lo que lo hace por si acaso f√≠sico o bien su sofisticaci√≥n, se trata de una persona bien corriente solo que en lugar de vender tornillos en una ferreter√≠a mata a otros por dinero, mas esa actividad no le da un glamour ni un atrayente especiales, lo que parad√≥jicamente forma parte de su encanto. Memorias de un mercenario liquida clis√©s con m√°s eficacia de la que pueda alardear su protagonista en eliminar a sus v√≠ctimas, √©l mismo confiesa que si un d√≠a le detuviesen y entrevistaran a sus vecinos ninguno de ellos dir√≠a de √©l que era afable, buena persona o cuando menos educado como acostumbra a declararse en estos casos. √Čl es un mis√°ntropo y no conf√≠a en que el resto sientan por √©l m√°s cari√Īo que el que √©l les dispensa. Probablemente con raz√≥n.

Podría ponerme trascendente y elucubrar sobre si esta novela es un hiperbólico alegato a favor de las vidas opciones alternativas, de salirse del paseo establecido, mas no me toca a mí meterme en semejantes jardines, entre otras cosas por el hecho de que asimismo es probable que el autor lo que quisiese era pasarlo bien, cosa que no me cabe duda ha conseguido. Si me apuran ni él ni tenemos gran cosa que decir al respecto: léanla y decidan, si quieren. Yo lo que les garantizo es que gozarán haciéndolo, el resto es cosa suya.

 

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