elhombreimaginado

Existen autores cuyo nombre se asocia de manera inconsciente con ciertos adjetivos que, de alguna forma, definen su personalidad o su obra. En raras ocasiones a ambos. Si pensamos en Bram Stoker y a pesar de ser autor de muchas obras, la primera palabra que nos viene a la mente es vampiro. Isaac Asimov es ciencia ficci√≥n. Clive Barker es dolor. J.R.R. Tolkien es anillo. Howard Phillips Lovecraft es Cthulhu y as√≠ podr√≠amos seguir en un juego interminable de libres asociaciones mentales que har√≠a las delicias del padre del psicoan√°lisis, el austriaco Sigmund Freud. Pero no es esa la idea de este peque√Īo juego de palabras. El objetivo es comprender que es normal que cuando pensamos en Nachob, como √©l mismo ha gustado de denominarse, la palabra que inunda nuestra mente es imaginaci√≥n. Las dos antolog√≠as que ha publicado hasta el momento: El monstruo en m√≠ (2011, Editorial Saco de Huesos, colecci√≥n A Sangre) y la presente El hombre imaginado desbordan talento sea cual sea la tem√°tica aparente del relato del que se trate: ciencia ficci√≥n, terror, fantas√≠a‚Ķ no importa. El verdadero g√©nero es la imaginaci√≥n.

Hace alg√ļn tiempo tuve la ocasi√≥n de realizar la rese√Īa de El monstruo en m√≠ y qued√© absolutamente maravillado. Para aquellos que no pudieron, o no quisieron, leer aquella rese√Īa, les transcribo un extracto que el propio autor tuvo la gentileza de publicar en su p√°gina web. Perturbador y apasionante hasta la m√©dula, este libro es todo un regalo. No pienses ni por un instante que le haces un favor al escritor compr√°ndolo: √©l te ha hecho el favor al vend√©rtelo. Una demostraci√≥n de maestr√≠a escrita en donde se nos demuestra, una vez m√°s, que el monstruo m√°s terrible no se encuentra fuera de nosotros, bajo la cama o detr√°s de una columna aguardando nuestra llegada (aunque tambi√©n est√°n all√≠, es cierto), sino en nuestro interior. La bestia, como un Mr. Hyde cualquiera est√° ah√≠, oculta (perd√≥nese la redundancia para aquellos que dominen en idioma del m√°s famoso bardo de la historia), pero presente, deseando, ansiando, desesperada por salir. No se lo permitas. Nacho narra muy bien la raz√≥n de esta advertencia‚Ķ. Ni que decir tiene que no s√≥lo no me desdigo de nada de lo dicho, sino que soy consciente de que me qued√© corto en mis elogios.

El hombre imaginado, la primera obra que publica Pedro Escudero Ediciones, es en esta ocasi√≥n un regalo a√ļn mayor para el lector. En la propia p√°gina web pueden descargarse m√°s relatos del autor e incluso ha habido un plus de tres relatos para aquellos que reservaron su ejemplar antes de que viera la luz. Podr√≠a opinar sobre esos tres cuentos y los que pueden encontrarse en la p√°gina, que siguen el estilo del resto de la obra, pero no lo voy a hacer. Como dijo en su d√≠a don Francisco Umbral en la que seguramente sea su intervenci√≥n televisiva m√°s famosa, yo he venido aqu√≠ a hablar de mi libro. En este caso del libro de Nachob y, seguro, no me consentir√≠a que me desviara a otros asuntos que, es evidente, caen m√°s en operaciones de mercadotecnia y estrategias editoriales. Casi todos los relatos fueron publicados originalmente por el propio autor en un libro al que titul√≥ Un a√Īo de palabras. Sin embargo su mente inquieta no le dej√≥ quedarse satisfecho con ello: se deb√≠a a s√≠ mismo y a aquellos que admiran su trabajo mucho m√°s. Se deb√≠a una transformaci√≥n de aquella cris√°lida en una mariposa de literaria. Se deb√≠a El hombre imaginado.

Y hay que decir como an√©cdota que el t√≠tulo fue elegido por √©l mismo cuando la editorial le propon√≠a otros (El hombre en m√≠, por ejemplo) que hubieran sido m√°s coherentes con su trabajo anterior. Pero Nachob poco quiere saber de coherencias o l√≥gicas que corresponden al mundo real cuando se trata de su obra. Quiere que la misma sea un reflejo de su mundo interior, de lo que siente, piensa, sue√Īa o alucina. Se llamar√° ‚ÄėEl hombre imaginado‚Äô, lo he decidido. Y los dem√°s, pobres mortales junta letras que no alcanzamos a comprender lo que un verdadero genio de la escritura tiene en mente, tenemos ahora un libro con ese t√≠tulo en nuestras manos. Y, reflexion√°ndolo ahora, nos parece que ning√ļn otro encabezamiento le hubiera ido mejor. As√≠ es Nachob, hace que lo imposible parezca viable y te convence de que nunca hubiera podido ser de otra forma. Juan √Āngel Laguna Edroso comenz√≥ el pr√≥logo de El monstruo en m√≠ con una exclamaci√≥n, un eureka literario: ¬°He creado un monstruo!. Ten√≠a raz√≥n. Supongo que la exclamaci√≥n que podr√≠amos gritar ahora, usando un idioma que no fuera de este mundo, es ¬°Hemos imaginado un hombre!

La obra se haya dividida en tres partes claramente diferenciadas por el propio autor, al que se le ha permitido manejar su criatura como si fuese una configuración del lamento de Hellraiser, con sus intrincadas descripciones y sus adornos, en forma de palabras, y el miedo a que algo horrible surgiera de su interior y nos devorara en medio de su lectura. De monstruos, De héroes y De estrellas son las tres secciones que dividen el libro con la precisión de un cirujano con mal pulso. Como ya he dicho en otra ocasión, cuando tuve la oportunidad de leer el libro por vez primera, creo que en el fondo todo ser humano es un héroe y un monstruo al mismo tiempo, una dualidad muy del gusto de los seguidores de R.L. Stevenson y tantos otros que mostraron la naturaleza dual de la persona, pero todos miramos a las estrellas anhelando un futuro mejor. Incluso los monstruos. Especialmente, creo, en estos tiempos aciagos que nos han tocado vivir. Algunas de las obras parecen escritas para otro de los apartados del libro, hasta que Nachob nos demuestra que sabe la razón que le asiste para su colocación en el apartado donde la ha dejado descansar.

Los títulos de los cuentos son los siguientes:
De Monstruos: El encuentro, No hay prisa, Dios es un cruel amante, El odio, Ratas, Vlad y Nadie es inocente.

De Héroes: Donde anidan los mirlos, Horda y El corazón del héroe.

De Estrellas: Se le oía cantar, El tirano, As time goes by (El dolor no es bueno), Una decisión lógica, La mala hierba, Mundo humano (Almas de metal), Evolución, Invasión y Al otro lado del espejo.

Diecinueve relatos de los cuales no podr√≠a descartar ninguno, si bien tengo mis favoritos como ocurre en cualquier antolog√≠a. Desde el relato m√°s cl√°sico de fantasmas, pasado por el relato hist√≥rico, mitol√≥gico, de ciencia ficci√≥n, b√©lico futurista, dram√°tico e incluso asesinos que desconocen su naturaleza como tales. Pero, como he dicho, Nachob es pura fantas√≠a personificada en un escritor bonach√≥n y muy familiar que a veces juega al enga√Īo. Lo sepa √©l o no. Se le o√≠a cantar, mi relato preferido de todo El hombre imaginado podr√≠a haber sido incluido en el apartado De H√©roes si no fuese de ciencia ficci√≥n, aspecto que le obligaba a estar entre las Estrellas. O quiz√° sean los propios relatos los que juegan al enga√Īo con √©l, pero el titiritero de Nachob nos lleva por el camino que quiere, y m√°s de un sentido como podremos ver, y nos termina sorprendiendo con ese √ļltimo giro de tuerca creado con mimo, cuidado e imaginaci√≥n para provocar nuestra sorpresa final. Soy consciente de la continua y cargante insistencia en la palabra imaginaci√≥n pero, ¬Ņno es acaso lo que he afirmado en el primer p√°rrafo de esta humilde rese√Īa?

Hablaba de caminos hace unas l√≠neas, y es que el libro nos ofrece dos formas de ser le√≠do: bien de la manera tradicional, en l√≠nea recta hacia delante, relato tras relato hasta el final, que es como el autor ha montado su caja puzle de cuentos, o bien realizando saltos entre los relatos. Como si se tratase de un antiguo libro de Elige tu propia aventura, Nachob nos ofrece la oportunidad de leer El hombre imaginado en el mismo orden en el que √©l concibi√≥ los relatos. Este peque√Īo juego metaliterario muestra una perspectiva diferente del libro y encaja de otra manera distinta las piezas de su configuraci√≥n del lamento privada. Pero no nos enga√Īamos y sabemos que el resultado es el mismo aunque, eso s√≠, el recorrido nos lleva por los mismos paisajes de manera diferente. Se parece mucho a alzar la vista en medio de la ciudad y contemplar edificios que siempre han estado ah√≠, pero que nunca han sido observados de esa forma. El relato anterior marca al lector para el siguiente, y nuestro querido autor lo sabe, y por ello nos ofrece dos rutas para experimentar sensaciones diferentes con los mismos cuentos colocados en otro orden. Su orden.

Puedo imaginar que todos los que est√©n leyendo esta rese√Īa, si han tenido la santa paciencia de llegar hasta aqu√≠ pensar√°n: espera‚Ķ a√ļn no nos has contado nada del contenido de los relatos, no nos has dicho de qu√© tratan salvo vagas generalidades y opiniones del conjunto de la obra. S√≠, es cierto, y es un acto plenamente deliberado, una decisi√≥n muy personal que adopt√© tras pensar c√≥mo enfocar la rese√Īa del libro de Nachob. No se merece que destripe su trabajo con mis torpes palabras mostrando las tripas de lo que tan trabajosamente ha creado como el que muestra un descubrimiento a los cuatro vientos. Su secreto est√° a salvo conmigo porque no tengo derecho a diseccionar su genialidad y, s√≠, su imaginaci√≥n. Creo que al final de esta rese√Īa conseguir√© que el lector piense que soy un tanto repetitivo, pero al menos creo que habr√© grabado a fuego esa palabra en su mente para cuando piense en este libro. Ni que decir tiene que me dar√© por contento si esto es as√≠. Y esta situaci√≥n, el no querer revelar nada acerca de los relatos, hace que me venga a la mente la frase de la contraportada, una an√©cdota de Samuel Clemens conocido como Mark Twain.

En una an√©cdota algo variable seg√ļn quien la narre, pero cierta en su trasfondo, se dice que el genial escritor americano se encontraba realizando un viaje en tren y comenz√≥ una agradable conversaci√≥n literaria con su compa√Īero de vag√≥n. Tras un rato de charla sobre libros y autores varios, Mark Twain decidi√≥ realizarle a su interlocutor una pregunta ampar√°ndose en su anonimato acerca de su opini√≥n sobre Las aventuras de Huckleberry Finn, libro que como todo lector sabe, √©l mismo escribi√≥. El pasajero le contest√≥, para su sorpresa, que deseaba no haber le√≠do jam√°s ese libro. Mark Twain, herido en su orgullo de escritor, replic√≥ que a √©l no le parec√≠a tan malo. No, no me ha entendido usted. No es que me parezca malo, sino que gustar√≠a no haberlo le√≠do nunca para poder disfrutarlo ahora como la primera vez. No existe, creo, mayor elogio que pueda realizarse de una obra de cualquier tipo. En este caso nos encontramos en una situaci√≥n similar: envidio a los que van a leer este libro por primera vez, los que van a conocer a sus personajes, vivir sus aventuras y descubrir sus secretos. Ojal√° pudiera hacerlo de nuevo sin conocer saber nada de √©l.

Me voy a permitir algo que no suelo hacer: indicar algunas direcciones de la Red donde pueden encontrarse p√°ginas de gran importancia para los seguidores de Nachob o para quienes deseen adentrarse en su mundo:

El monstruo en mí, de la editorial Saco de Huesos, que fue ganador del Premio Cultura Hache al mejor libro de relatos y finalista en los premios Ignotus y Nocte en las modalidades de Mejor antología y Mejor relato con Casa Ocupada.

El libro en el que est√° centrada esta rese√Īa, El hombre imaginado, destinado por su calidad y buen hacer a convertirse en el siguiente cl√°sico y s√≥lo podemos imaginar cu√°ntas cosas m√°s.

Y, por √ļltimo, la p√°gina que el propio autor cre√≥ con ocasi√≥n de El monstruo en m√≠ llena de cr√≠ticas a su libro en las que no puede encontrarse ni una sola negativa. Y no porque las eliminase o escogiese no incluirlas. Es que no existen.

Hablando personalmente con el autor, cuando nuestros caminos se han cruzado, le he expresado en diversas ocasiones mi deseo, y de otros muchos como yo, de que escriba una tercera antolog√≠a que sirva como colof√≥n a lo que siempre me ha parecido una trilog√≠a acerca del hombre y el monstruo que se oculta tras √©l. No s√© si escuchar√° las peticiones de aquellos que admiramos su trabajo con sincera devoci√≥n, pero espero que as√≠ sea y dentro de no mucho tiempo nos sorprenda agradablemente con otro libro m√°s. Y ahora que concluyo esta rese√Īa, debo admitir que no soy en absoluto imparcial. Me es imposible. Es como si tuviese que rese√Īar una obra de Edgar Allan Poe, Howard Phillips Lovecraft, Isaac Asimov o Clive Barker. ¬ŅC√≥mo ser imparcial ante lo que cala tan hondo en el coraz√≥n del lector? Es una tarea imposible. Es como leer El hombre imaginado y no sentir nada. Impensable.

 

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