En Mierda y catástrofe, de forma de manera deliberada fragmentaria, el filosofo y critico F. Castro Florez propón medites de emergencia sobre los paisajes violentos y casuales que se nos administran cotidianamente. Del freakismo a la atraccion hipnotica del vacio; de la cultura digital y la adiccion a los juego para videoconsolas s al analisis del aeropuerto como no-sitio por excelencia; de los performances extremos a la retorica del archivo; del Arte Povera al Land Art, se marcha trazando un panorama que es, al tiempo, desolador y excitante, estancado y provocador, para con todo reivindicar el camino como generador de experiencia, tal y como si hubiese todavia posibilidades para disfrutar del arte de perderse.En una epoca de aparente estetizacion, cuando la cultura del simulacro semeja que ha pactado con la banalidad del reality espectáculo, hay que procurar trazar cartografias (así en plural) de lo que nos pasa, si bien sea únicamente para eludir la desaparicion de lo poco que queda del pensamiento critico. No basta con la indignacion en frente de lo que da la impresion de ser un fraude, ni podemos satisfacernos con reiterar hasta la saciedad del cuento de El traje nuevo del emperador. La deriva escatologica del arte contemporaneo, en ciertos casos con una obsesion por presentar literalmente lo repugnante, no supone que la única reaccion posible sea el asco. Ni tan siquiera la catástrofe cierra el drama y la comedia de nuestro tiempo desquiciado.En Mierda y catástrofe, de forma de forma deliberada fragmentaria, el filosofo y critico F. Castro Florez propón medites de emergencia sobre los paisajes violentos y eventuales que se nos administran cotidianamente. Del freakismo a la atraccion hipnotica del vacio; de la cultura digital y la adiccion a los juegos para videoconsolas al analisis del aeropuerto como no-sitio por excelencia; de los performances extremos a la retorica del archivo; del Arte Povera al Land Art, se marcha trazando un panorama que es, al tiempo, desolador y excitante, estancado y provocador, para con todo reivindicar el camino como generador de experiencia, tal y como si hubiese todavia posibilidades para disfrutar del arte de perderse.Mierda y catástrofe procura ofrecer una serie de claves o bien, mejor, una sintomatologia temporal para conocer nuestras restricciones (ese singular modo de instalarnos en el bunker), mas quizá sugiere que hay alguna mínima fisura que deje, pero que ocultarse, efectuar el truco mágico del escapista. ...

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